martes, 1 de marzo de 2011

Domando la Ruta 40 - Parque Nacional Los Alerces

Este Parque Nacional está ubicado en el oeste de la Provincia de Chubut, en la región andina, sobre el límite internacional con la República de Chile. Abarca una extensión de 263 mil hectáreas. Fue creado en 1937 con el objeto de proteger los bosques de alerce, gigante exponente de la flora andino-patagónica.
Este Parque tiene varios lagos interconectados con ríos y arroyos. Se destacan los lagos Menéndez, Rivadavia, Futalaufquen y Krugger , los cuales a través del río Frey desembocan en el embalse Amutui Quimey .Toda la costa del lago Rivadavia,del río Rivadavia, del lago Verde, del río Arrayanes y del lago Futalaufquen presenta lugares para camping libre, agreste u organizado, cabañas, hosterías, lugares de pesca y dos puertos para navegación lacustre. Inclusive hay una villa urbana y turística, que es la Villa Futalaufquen casi encerrada en la costa del lago homónimo.
Los cordones montañosos que rodean a estos lagos se encuentran cubiertos de tupidos bosques de cohiue, ñire, lenga, alerce y ciprés. El alerce es el ser vivo más antiguo de Argentina, y el segundo más longevo en el mundo. En el brazo norte del lago Menéndez se puede visitar el alerce “abuelo” de unos 2.600 años de edad aproximadamente, luego de una caminata de 2 horas.
No puedo dejar de nombrar al huemul, un ciervo autóctono en grave peligro de extinción. Su pelaje es pardo en verano y grisáceo-amarillento en invierno. Posee grandes orejas y los machos presentan además astas, normalmente de dos puntas de 30 cm en los adultos.
Después de pernoctar en San Carlos de Bariloche hicimos un viaje largo, pasando por El Bolsón y Epuyén. Luego tomamos nuestro primer tramo de ripio en este viaje y doblamos hacia Cholila, otrora guarida de los célebres bandidos norteamericanos Butch Cassidy y Sundance Kid.
Luego de unos kilómetros más divisamos el lago Rivadavia con unas aguas increíblemente azules. La vegetación nos impresionó, aminoramos la marcha para embelesarnos con tanto paisaje bucólico. Bordeamos el lago, en silencio, disfrutando cada instante. Pasamos el río Rivadavia, luego el lago Verde, que es pequeño, y llegamos a la pasarela que cruza el río Arrayanes. Al mirar este último río nos quedamos MUDOS, tal la impresión que produce el color de sus aguas. Podríamos tratar de describirlo, entre turquesa, aguamarina, celeste, verde, y no seríamos justos en nuestra evaluación. ¡Hemos visto muchos ríos, pero éste se lleva las palmas! Hubo gente que nos dijo que les gustaría pasar los últimos momentos de su vida cerca de dicha pasarela. ¡Es un lugar bellísimo! ¡Parece irreal!
Rápidamente decidimos acampar en algún lugar, ¡cerca del río, por supuesto! Armamos la carpa, pusimos los colchones, la bolsa de dormir y nos fuimos rápido a caminar por el sendero interpretativo que empieza en la pasarela. Tiene 1.500 metros y a su paso se pueden ver distintos árboles, en especial alerces y llegar hasta Puerto Chucao. Entre los árboles se puede ver el río Arrayanes con su gran correntada y su color único. Regresamos cansados, tomamos una sopa y comimos una manzana y a dormir. Hacía frío. En la zona, oscurece alrededor de las 10 de la noche. Con la postal del río como última imagen, nos acostamos oyendo la música que él nos regalaba.
A la mañana siguiente seguimos bordeado estos cursos de agua. Encontramos una hermosa playa denominada El Francés, donde tomamos unos mates. Bordeamos el lago Futalaufquen y en su parte sur doblamos para visitar la villa a orillas del puerto Limonao. Nos esperaba un largo viaje hasta Punta Arenas en Chile, pero tanto el paisaje como el clima nos invitaban a quedarnos varios días, rodeados del paraíso.

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